Vender en moneda local es mostrar el precio en pesos para el mexicano y en euros para el alemán, y cobrar en esa moneda. El comprador no necesita convertir de cabeza ni descubrir el valor real recién en la factura.
Se gana en dos frentes. En la conversión, porque desaparece el momento de duda ante un precio en moneda extranjera. Y en la aprobación, porque un cobro en la moneda de la tarjeta le parece mucho más normal al banco emisor que un cobro cross-border.